Viernes, 7 de julio de 2006________________

Entrevista a Almudena Martorell, psicóloga.

“La salud mental de las personas con discapacidad intelectual
está muy desatendida en nuestro país”

El pasado mes de mayo se celebró la Jornada científica “Patología Dual en la discapacidad Intelectual , organizada por la Universidad Autónoma de Madrid. En la misma participaron los más importantes expertos en nuestro país en trastorno dual, como José Luis Ayuso Mateos, Ramón Novell Alsina, Luisa Salvador, Javier Tamarit o Miriam Poole. Entre ellos también se encontraba, Almudena Martorell, del Departamento de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid y de la Fundación Carmen Pardo-Valcarce. La citada Fun dación ha creado plazas para personas con trastorno dual, es decir para personas con discapacidad intelectual que a su vez tienen una enfermedad mental. Estas plazas dependen de la Consejería de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, una importante iniciativa que resuelve la atención a un colectivo de personas que necesiten una atención especial.

Almudena Martorrell. Ampliar foto.

 

¿Cómo surgió esta iniciativa?

Pues a través de experiencias que supongo desgraciadamente compartimos con otros centros: la imposibilidad de atender a ciertos usuarios que presentaban alteraciones de conducta. Ya han sido varios los usuarios de nuestro Centro Ocupacional que al presentar severas alteraciones de conducta nos han hecho plantearnos el ¿debemos centrar nuestros esfuerzos en esta persona y desatender al resto? Después de mucho darle vueltas a esta pregunta nos surgió la respuesta: crear algo que atienda específicamente las necesidades de estas personas . Además, sabemos que la salud mental de las personas con discapacidad intelectual está muy desatendida en nuestro país. En países como el Reino Unido o los Estados Unidos, entre otros, existen redes de atención específicas. Las dificultades de los profesionales de la salud para entender los problemas mentales de las personas con discapacidad intelectual hacen que éstos no se atiendan en su mayoría, quedando un gran vacío asistencial. Si además añadimos que la discapacidad intelectual pertenece al ámbito de Asuntos Sociales y los problemas psiquiátricos al de Salud Mental, no es difícil concluir que las personas con diagnóstico dual tienen el riesgo de caer en un terreno de nadie, y por tanto incrementarse aún más el vacío del que hablamos. La Consejería de Familia y Asuntos Sociales, conocedora de esta problemática y de las experiencias desarrolladas en Cataluña, enseguida se puso manos a la obra.

Como decía, el principal problema es el de reconocer la enfermedad mental en las personas con discapacidad intelectual. Cuando tienen malestares psicológicos, no los suelen comunicar ni identificar de la manera en que las personas sin discapacidad intelectual lo hacen. No van a decir: “ estoy deprimido y siento que mi vida no tiene sentido ”. Pero en cambio, pueden mostrarse más irritables, o comer menos, o dormir mal. La falta de formación de los profesionales en este tema hace que lo ojos con los que miramos las necesidades de salud mental de las personas con discapacidad intelectual no sean los adecuados, y, por tanto, no veamos el sufrimiento psicológico y no lo atendamos adecuadamente. Además, en la mayoría de los casos tendemos a pensar que los síntomas de la enfermedad mental se deben a que la persona tiene discapacidad intelectual y pasamos por alto el trastorno psiquiátrico. Un ejemplo muy claro que nos pasó en el Centro Ocupacional fue el de una usuaria que en ocasiones se mostraba muy triste y lloraba mucho, y otras estaba muy alegre, nos abrazaba, estaba desinhibida… Con los ojos a los que me refería antes, pensábamos que todo aquello se debía a la discapacidad intelectual. Al modificar nuestra visión, caímos en la cuenta de que detrás había un trastorno bipolar. Si lo pensamos con detenimiento, si nuestra usuaria no hubiera tenido discapacidad intelectual hubiera sido mucho más fácil concluir que estos cambios de humor se debían a una enfermedad mental.

¿Cúales son las posibilidades de los centros y servicios de personas con discapacidad intelectual para adecuarlos a personas con esta problemática, qué deben hacer?

Con todo lo que hemos dicho, parece claro que en la mayoría de las ocasiones los servicios generales de Salud Mental no están capacitados a día de hoy para atender las necesidades de las personas con discapacidad intelectual. La situación es similar a la que se vive en el ámbito educativo, salvo que éste último nos lleva muchos años de ventaja. Hasta que podamos hablar de “salud mental inclusiva” nos queda un largo camino por recorrer, teniendo que pasar previamente por una atención específica. Con todo esto me refiero a que por ahora las personas con diagnóstico dual que no puedan funcionar en dispositivos más comunitarios (centros ocupacionales, centros de día, centros especiales de empleo…) deben ser atendidos en centros específicos de atención a la salud mental de personas con discapacidad intelectual. Sin embargo, y países con más recorrido en el tema como el Reino Unido así lo muestran, a medida que vayamos generando conocimiento sobre esta problemática nuestro sistema sanitario se irá preparando para atender a la población con discapacidad intelectual, pudiendo ir abandonando progresivamente esta “discriminación positiva” de dispositivos específicos de atención.

¿Podrías explicarnos de forma sencilla cómo se puede diagnosticar  este tipo de alteraciones en personas con discapacidad intelectual?

Si la persona presenta alteraciones de conducta es más probable que nos acerquemos al diagnóstico por el mero hecho de que habrá gente detrás intentando solventar el problema: familiares, cuidadores, etc. Aunque no hay que caer en el error de pensar que detrás de todas las alteraciones de conducta hay una enfermedad mental (muchas veces serán consecuencia del ambiente, de un desahogo emocional, de dificultades de comunicación en el entorno que les rodea…). El problema a mi entender es más grave cuando el malestar va por dentro y no se manifiesta en la conducta (tristeza, síntomas psicóticos como los delirios…). En esos casos tenemos que apoyarnos en las personas más cercanas al caso para que nos informen de cambios en los hábitos. Se pueden encontrar más detallados en criterios diagnósticos específicos que se han elaborado para las personas con discapacidad intelectual como el DC-LD (DIagnostic Criteria for Learning Disabilities) que ha creado el Royal Collage of Psychitatry. En nuestro Centro Ocupacional, además, pasamos cada año un pequeño cuestionario (PAS-ADD checklist) que hace un barrido de la sintomatología psiquiátrica en discapacidad intelectual.

 

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