Dos miembros del equipo técnico de FEAPS, Juan José Lacasta y Javier Tamarit, han participado en el Congreso “ Universidad y Discapacidad ” que ha tenido lugar del 23 al 27 de octubre. Ambos han tratado de explicar la necesidad de la universidad se implique más en la mejora de la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual, a través de múltiples actuaciones como la investigación, la colaboración de alumnos en práctica, el trabajo en accesibilidad, la sensibilización social, etc.
Juan José Lacaste –director técnico de FEAPS-, y Javier Tamarit –responsable de Calidad y miembro del equipo técnico-, han participado en el Congreso “Universidad y Discapacidad” celebrado entre el 23 y el 27 de octubre en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, que ha sido la organizadora del encuentro.
Ambos técnicos, han participado respectivamente en la 2ª sesión plenaria (sobre el Movimiento Asociativo de Personas con Discapacidad en la Universidad) y en uno de los 9 grupos de trabajo. En ellos, se encargaron de argumentar que aunque en principio parezca que las personas con discapacidad no son un colectivo que pueda ser integrado dentro del ámbito universitario, lo cierto es que la Universidad puede hacer mucho por mejorar su calidad de vida. Únicamente es necesario aportar una nueva mirada y otro tipo de respuestas. La Universidad debe entender su misión más allá de la investigación pura y dura. Por ejemplo, tiene un gran papel en la proyección social del conocimiento en relación con las personas con discapacidad intelectual.
Para ello, propusieron cuatro líneas de actuación y mejora: en primer lugar (y como llave para todas las demás) están las alianzas estables entre las universidades y las organizaciones que prestan apoyos a las personas con discapacidad. En segundo lugar, la aportación a la investigación y el conocimiento, que además de la investigación, debe incluir aspectos como la participación y la vivencia. En tercer lugar, el fomento del capital social, en relación con la generación de actitudes y modelos sociales favorables a la plena integración de estas personas en todos los ámbitos de la vida. Y en cuarto y último lugar, en la responsabilidad social que la Universidad puede desempeñar, por ejemplo, mediante la contratación de personas con discapacidad intelectual en sus diferentes campus.