Abrías el buzón (el de las cartas de papel) y tenías una fotocopia de un artículo venido de Estados Unidos que, cortésmente, habías solicitado al autor dos meses antes mediante una carta con un texto en un inglés predefinido ‘Dear colleague…’. Autor al que, a su vez, seguías y conocías que acababa de publicar ese artículo tan preciado gracias a un listín que, tras suscripción por correo ordinario, te llegaba semanalmente con todas las novedades de trabajos psicológicos en el mundo en tu campo de interés. ¡Bien!, en apenas cinco meses de diferencia, entre la publicación original y tu recepción de la copia, tenías en tus manos el conocimiento tan deseado. Descubríamos así, a esa velocidad de la luz, tantas y tantas cosas que por aquel entonces aquí desconocíamos. Existía el conocimiento allende los mares y tú sabías, cual Colón seguro de su descubrimiento, que allí podías buscarlo y una vez descubierto, usarlo y mostrarlo a tu mundo. Eso era a finales de los setenta del pasado siglo, hace la friolera de treinta y cinco años.
Hoy, abres internet, entras con una clave en tu revista científica de referencia y tienes on-line, a un golpe de ratón, lo que en algunos casos tardará un año en ver la luz en papel. Y ahora ya no es solo descubrimiento. Ya muchos españoles forman parte de la construcción del conocimiento. Ya no somos Colón, ya somos arquitectos, como Gaudí, de lo que día a día se va construyendo de forma compartida para mejorar la calidad de vida de una persona con discapacidad intelectual o del desarrollo y la de sus familiares.
Esto quizá es bueno planteárnoslo, ¿lo que necesitamos saber está fuera, existe ya, y debe ser objeto de una misión de descubrimiento? ¿O está construyéndose paso a paso, mejorando con el tiempo, aún no terminado, y se construye gracias a una labor compartida, de alianza a veces invisible, entre todos nosotros, incluidos familiares, personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, profesionales…? Las actitudes que genera una u otra visión son muy diferentes, en mi opinión: si soy Colón puedo pensar que no tengo yo que hacer nada más que buscar el conocimiento ya existente, indagar en quién lo tiene e ir a pedírselo, a ser enseñado, a que nos muestren la ‘verdad definitiva’ de nuestro campo. Y si no existe aún, pues esperar a que algún día exista para ir a descubrirlo. Si soy Gaudí, puedo soñar y planificar en lo que debemos juntos hacer para avanzar, pues no existe ya la construcción finalizada, la estamos soñando y realizando paso a paso, aun cuando cada paso sea todavía imperfecto en relación con lo soñado.
Para mí que ahora, en nuestro campo debemos, cierto que sin olvidarnos de don Cristóbal (existen ya tierras conocidas), estar más cercanos al señor Antoni. No esperemos con los brazos caídos, con las mentes en espera, a que nos descubran las herramientas definitivas de evaluación, los modelos finales de comprensión, las soluciones únicas a nuestros retos de conocimiento y de respuesta a las necesidades. No existe aún esa América, existe el sueño de muchas catedrales singulares, en permanente diseño y cambio, y existe el poder que tenemos para colaborar ya en su construcción.

Últimos comentarios