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ORIENTACIONES PARA
LA BUENA PRÁCTICA Dimensión ambiental |
Tal y como se muestra en la
definición de retraso mental, éste es la expresión de la interacción entre
la persona con unas limitaciones concretas y el entorno. Es decir, el entorno juega un papel de primera magnitud en la provisión
de apoyos y, por tanto, en la mejora de la calidad de vida.
Por lo tanto, es necesario
disponer las condiciones para que el entorno sea lo más favorecedor posible de
desarrollo personal y de participación, libre de barreras de todo tipo. Además, los entornos de participación no son
entornos de exclusión, segregados; son
entornos significativos, comunes a todas las personas, con independencia de su
condición de mayor o menor necesidad de apoyos.
Es una buena práctica
proveer oportunidades de participación real en el entorno; diseñar el entorno de modo que sea
psicológicamente transparente y accesible, y físicamente saludable y
seguro. La señalización del entorno
mediante claves comprensibles es una tarea importante (por ejemplo, en vez de
palabras indicadoras en la puerta de lo que es una sala, poner una foto de la
persona o personas que están dentro).
Otra buena práctica es
proporcionar actividades significativas en entornos naturales y relevantes, de
modo que se propicie el encuentro social normal y se aumente la motivación
personal (es diferente estar durante meses metiendo pinchitos en una tabla
perforada, que estar durante meses yendo todos los martes al supermercado a
hacer la compra de los ingredientes para elaborar un plato de cocina mediante,
por ejemplo, un recetario adaptado, que en vez de palabras tiene fotos y
dibujos.)
En definitiva, el entorno es
un factor esencial en la construcción de una vida de calidad.
La familia como un entorno
social: la familia configura un sistema
complejo de relaciones, normas implícitas, cultura propia e historia
previa; es, además, la principal
proveedora de apoyo natural y, a su vez, requiere de apoyos, tanto cada uno de
sus integrantes como el sistema en su conjunto, para situaciones concretas. Se debe evitar configurar a la familia como
proveedora de apoyos técnicos (una madre es una madre, no una maestra, aunque
evidentemente una de sus funciones es la enseñanza de múltiples cuestiones de
la vida diaria). Uno de los factores
clave de desarrollo de la persona con retraso mental es crecer en el seno de
una familia que le apoye en todos los sentidos pero que a la vez entienda con
claridad que ese hijo o hija no es un objeto de la familia sino un sujeto de
derecho, una persona con vida propia, con destino propio, necesitado de asumir
y gestionar al menos parcialmente su propia vida. La autodeterminación es la pieza clave del desarrollo y de la
construcción de una vida de calidad.
Apoyar a la familia para que comprenda la importancia de este proceso de
fomento permanente de la autodeterminación y para que lo fomente de modo activo
y eficaz es una tarea esencial.