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ORIENTACIONES PARA
LA BUENA PRÁCTICA Dimensión psicológico-emocional. Intervención |
Enfoques de intervención: los tratamientos
han de valorar no sólo los cambios inmediatos que puedan producir sino su
aportación a un cambio positivo y deseable en la calidad de vida de la persona.
En este sentido, la eficacia de una intervención no se debe medir sólo
desde el punto de vista del entorno sino desde la ética y desde la percepción
de la propia persona que recibe dicha intervención (por ejemplo, un castigo
físico puede frenar la frecuencia de una conducta determinada, pero con independencia
de que esto sea valorado como adecuado por y para el entorno, éticamente y
desde la perspectiva de la persona que recibe el tratamiento es absolutamente
inaceptable; otro ejemplo en el que cabe decir lo mismo
es la receta de psicofármacos en dosis superiores a las necesarias: obviamente
eliminan una conducta o una expresión conductual determinada pero eliminan
muchas más cosas con ellas, entre otras el derecho a una vida digna y de calidad
en los mismo términos que los deseables por cualquier otra persona).
En este sentido, cada Organización debería disponer de una declaración
de derechos de las personas con retraso mental y contar con un claro posicionamiento
en el uso de procedimientos positivos no aversivos.
Además, una buena actitud implica pensar permanentemente en términos
de potencialidad educativa/habilitadora (con los apoyos adecuados la persona
siempre puede progresar) frente a términos de cronicidad irreversible (con
pensamientos tales como ‘no hay nada que hacer’, ‘nunca va a cambiar’, ‘es
así y lo será siempre’). Otra actitud
importante sería la derivada de considerar que los límites entre la normalidad
y la patología son difusos y que quizá se deba hablar más de ‘continuum’ que
de dicotomía ‘normal-anormal’.
Estos aspectos que se acaban de señalar nos apuntan hacia tratamientos
no exclusivos ni excluyentes con relación a determinadas disciplinas
científicas (por ejemplo, apuntan hacia una deseable colaboración entre la
medicina, la psicología y la educación) y hacia tratamientos que dirijan sus
esfuerzos hacia acciones preventivas y no sólo hacia acciones curativas. Esto significa que la intervención debe
dirigirse hacia el diseño de programas de carácter proactivo, constructivo,
educativo en los que la cuestión clave sea: ¿qué apoyos requiere la persona
para que en las situaciones de mayor fragilidad o vulnerabilidad psicológica su
comportamiento sea apropiado al contexto social y cultural y apropiado a sus
propias necesidades de desarrollo personal y participación social? Este enfoque
de intervención viene a complementar enfoques meramente reactivos en los que la
cuestión clave es: ¿qué hay que hacer para que cese este comportamiento que
ahora se está produciendo? En otras
palabras, es deseable un enfoque de intervención basado en la educación de
habilidades de adaptación de la persona y en la adaptación del contexto para
que promueva mayor grado de inclusión y participación.
El modo en que debe concretarse este planteamiento es elaborar un Plan
de Intervención basado en las hipótesis de la evaluación que contemple al
menos: objetivos de la intervención,
estrategias proactivas (manipulaciones ecológicas, programación positiva…) y
estrategias reactivas que se han decidido emplear. Este Plan de Intervención ha de revisarse periódicamente (como
mínimo, anualmente).
En lo que sigue se verán
diversas acciones e ideas de intervención tanto de tipo proactivo, preventivo y
educativo (¿qué puedo hacer para que la próxima vez no se dé esta situación?),
como de tipo reactivo, curativo (¿qué puedo hacer ahora que la situación ya se
ha producido?).
Acciones educativas: las acciones
que siguen se plantean tanto desde un punto de vista de prevención de conductas
desafiantes y trastornos mentales como de fomento de habilidades
adaptativas y de control emocional.
·
Dar información por adelantado, de modo concreto y estable (por
ejemplo, mediante claves visuales tales como palabras, dibujos, fotos,
pictogramas, objetos), es la manera de prevenir situaciones de desajuste conductual
emocional, derivadas de diversos acontecimientos ambientales tales como la
modificación de rutinas y actividades diarias.
La información por adelantado de modo comprensible y manejable por la
persona es algo a realizar y tener en cuenta permanentemente. El uso de agendas informativas adaptadas
(mediante claves visuales comprensibles) en las que se muestren las distintas
acciones y actividades del día en su secuencia temporal es esencial en el
mantenimiento y fortalecimiento de un estado de fortaleza psicológico-emocional.
·
Fruto del punto anterior es que ante cualquier cambio en las rutinas
diarias, o en las acciones o en aspectos de mayor impacto, y de mayor nivel de
generación de estrés, en la vida de las personas tales como el cambio de
contexto educativo o laboral, la separación del hogar familiar hacia un hogar
propio, una ruptura afectiva, la muerte de personas queridas, la muerte o
separación de animales de compañía queridos, etc., se requiere que se elaboren
programas detallados de transición y de preparación previa a la condición de
vida diferente o, en el caso de situaciones imprevistas, de programas de
afrontamiento (tales como programas de afrontamiento de duelo pero para los que
previamente se ha educado ante tales posibilidades). En todas estas situaciones la información por adelantado y la
enseñanza previa de habilidades adaptativas significativas, junto con la
enseñanza de técnicas adaptadas para la construcción de pensamientos positivos,
de búsqueda de apoyo social y emocional, de procedimientos de resolución de
problemas sociales emocionales, de habilidades de relajación son, junto con el
apoyo real de personas afectivamente significativas, herramientas útiles para
la superación personal.
·
Cuidar desde la infancia que el estilo de crianza sea de no excesiva
protección y dependencia, que el clima emocional y afectivo familiar y social
sea positivo y favorecedor de una adecuada autoestima, de una percepción de
autodeterminación personal, de estilos de negociación ante las dificultades y de
flexibilidad frente a estilos excesivamente directivos y rígidos, son maneras
de afianzar la construcción de un carácter psicológica y emocionalmente fuerte
y estable. Un clima afectivo, social y
familiar, placentero, agradable, estable y positivo es un potente inhibidor de
patrones conductuales desajustados.
·
Otros aspectos relevantes para el mantenimiento de un comportamiento
psicológicamente estable son los factores ambientales cotidianos. Un ambiente no estresante, con un nivel de
ruido (u otro tipo cualquiera de estimulación tal como la visual, olfativa,
etc.) aceptable, sin prisa, con suficiente nivel de información por adelantado,
sin sorpresas desagradables, en un tono relajado y armonioso, pero activo, con
tiempos para el descanso, con respeto al ritmo individual, es un ambiente
favorecedor de bienestar emocional.
·
La permanente enseñanza de habilidades comunicativas, sociales y de
control y comprensión del entorno es la piedra clave para la prevención de
conductas desafiantes. Algunos aspectos
relacionados con esto son: enseñar habilidades comunicativas para que la
persona sea capaz de informar de situaciones personales de malestar emocional
(ansiedad, depresión, angustia, miedo...), utilizando por ejemplo claves
simples tales como pictogramas o fotos para valorar y expresar su estado de
ánimo cuando el lenguaje es limitado.
Otro aspecto es: enseñar
habilidades para informar sobre situaciones de malestar físico tales como
dolor, estreñimiento, ardor...
·
Se debe velar por evitar el consumo de substancias tales como bebidas
alcohólicas junto con psicofármacos.
·
Es conveniente reflexionar sobre la adecuación o no de la exposición a
determinadas experiencias o modelos tales como la visión de películas
promotoras de actos violentos, actos vejatorios para las personas, o acciones
de fuerte carga emocional que puedan escapar a la comprensión de la persona.
·
De cara a fortalecer un comportamiento regulado y estable es útil la realización
periódica, y en un ambiente lúdico y motivador, de ejercicio físico aeróbico
tal como carrera continua suave, ciclismo en movimiento o estático, natación de
fondo... durante periodos moderadamente extensos (por ejemplo, sesiones de
veinte minutos o media hora).
·
Es conveniente tener un control escrito de todas las medidas
preventivas que se disponen para cada persona.
·
Las siguientes acciones pueden ser útiles para fortalecer el estado
psicológico y emocional: proporcionar
apoyo para rememorar recuerdos autobiográficos (mediante fotos, objetos,
vídeos...); favorecer una red de
relaciones afectivas naturales;
favorecer la participación en acontecimientos sociales o comunitarios
emocionalmente significativos, tales como fiestas, celebraciones, aniversarios...
Comentarios
finales: Como se ha dicho
reiteradamente, es importante tener en cuenta que un altísimo porcentaje de
conductas desafiantes ocurre por ausencia de habilidades de comunicación e
interacción y control del entorno, por falta de información relevante por
adelantado; es importante también
recordar que los trastornos mentales quedan demasiado a menudo eclipsados,
ocultos, por el retraso mental y eso es inadecuado para poder disponer de los
recursos y apoyos necesarios. Y
finalmente hay que recordar que una fortaleza psicológico-emocional es una
tarea que empieza en la infancia y que no acaba nunca; requiere de habilidades de afrontamiento de
acontecimientos generadores de estrés;
es importante que las personas entiendan el sentido de las acciones que
se les pide que realicen; y es
especialmente importante para esa fortaleza el formar parte de una red
significativa y real de amistad y relación social. Todo ello, favoreciendo la participación en los entornos
naturales y velando por la no-exclusión.