ORIENTACIONES PARA LA BUENA PRÁCTICA
Dimensión psicológico-emocional

 

Todas las personas somos diferentes no sólo en cuanto a nuestros rasgos físicos, o en cuanto a nuestra fortaleza con relación a la salud física, sino también en cuanto a nuestro carácter, a nuestro modo de ver las cosas, en cuanto a nuestra mayor o menor fortaleza con respecto a presentar en algún momento de nuestras vidas posibles dificultades mentales tales como ansiedad exagerada (por ejemplo, una fobia), trastornos obsesivo compulsivos, depresión, esquizofrenia, trastornos del control de impulsos...

 

Como es general en la filosofía que subyace a la concepción actual del Retraso Mental, estas condiciones psicológicas no son cuestión de todo o nada.  Esto es, existe un gradiente entre el estado de total salud mental y la manifestación de trastorno mental.  El perfil que cada persona presenta, por lo tanto, está generalmente compuesto de puntos fuertes junto con puntos débiles, referidos al carácter, a la capacidad de control emocional, al equilibrio psicológico, a la capacidad de empatizar con los demás, a la mayor o menor vulnerabilidad ante agentes generadores de ansiedad o estrés.

 

No obstante, sí es preciso señalar que el conjunto de las personas con retraso mental configura un colectivo en el que la incidencia de trastornos mentales, en algún momento de la vida, es mucho más elevado que en el colectivo de personas sin retraso mental.  Aproximadamente una persona con retraso mental de cada tres manifestará un trastorno mental.

 

Otro aspecto importante que se enmarca en esta dimensión psicológico-emocional es la presencia de conductas desafiantes (conductas destructivas, restrictivas, repetitivas...) que más adelante se definirán.  En cuanto a la ocurrencia de conductas destructivas dentro del conjunto de personas con retraso mental los datos obtenidos de grandes muestras de población, entre 6 y 15 personas de cada cien con retraso mental manifiestan, con mayor o menor frecuencia,  episodios graves de conductas destructivas (agresiones, autolesiones o destrucción de objetos).

 

Es decir, los datos nos señalan que estamos ante un aspecto de gran relevancia.  La presencia conjunta de retraso mental y trastorno mental es lo que se conoce como diagnóstico dual (o doble) y supone un reto importante a los servicios y a los profesionales para ofrecer respuestas, apoyos, que ayuden a estas personas a mejorar sus vidas.  En la actualidad, como en el caso del retraso mental, en los trastornos mentales también se plantea que el progreso de las personas hacia una mejora en su salud psicológica depende de la enseñanza de habilidades adaptativas, de contar con una red significativa proveedora de amistad y afecto, y de adaptar el entorno para poder incluir las condiciones de vida que estas personas presentan.