Javier dice también que la experiencia le ha servido para conocer a otra mucha gente. De toda ella guarda un gran recuerdo: “A lo largo del Camino estuvimos con muchos peregrinos e hicimos muy buenos amigos. En especial con un padre y un hijo de Madrid y una pareja de León con los que seguimos en contacto”.
Anécdotas y buenos recuerdos
Anécdotas y buenos momentos tampoco faltaron durante esos diez días. “ Al finalizar cada etapa, escribíamos en un libro. Contábamos todo lo que habíamos visto, cómo lo habíamos pasado y algunas curiosidades. Es un recuerdo muy especial para mí”.
Javier no deja de sonreír mientras recuerda los diferentes momentos vividos: “un día nos encontramos a un chino que se había puesto muy moreno con el sol. Nos hizo gracia y empezamos con la broma de que queríamos sacarnos una foto con é. No lo hicimos, pero justo cuando llegamos a Santiago nos lo encontramos y nos sacamos la foto”.
“Otra anécdota curiosa fue que vimos en mitad del Camino unas zapatillas. Parecían totalmente nuevas, pero al acercarnos vimos que no tenían suela y sacamos una foto para el recuerdo”, explica Javier mientras observa las fotografías.
Javier y sus compañeros de viaje también tuvieron tiempo para descansar e ir de fiesta. “ El día que llegamos a Acebo, un pueblo cerca de Ponferrada, celebraban la fiesta del turista. Pagamos 2 euros y nos dieron un cuenco, una cuchara y todo el jabalí que quisiéramos gratis. Después hubo baile y lo pasamos muy bien”.
El Camino de Santiago también les ha servido para conocer los diferentes lugares y gentes que hay en él. “ Por las tardes visitábamos los sitios por los que pasábamos. La verdad es que hay pueblos muy bonitos y Santiago de Compostela me gustó mucho”
Pero no todo fue un camino de rosas. El dolor de pies y el intenso calor les acompañaron durante gran parte de las etapas: “ nos levantábamos a las 4 de la mañana para no pillar el calor. Andábamos más o menos hasta la una del mediodía, que era cuando llegábamos a los albergues a descansar y echar la siesta . Los albergues estaban bastante bien, pero tengo que decir que el de ANFAS es de los mejores del Camino por la higiene y las instalaciones que tiene”, asegura Javier.
En Santiago, una alegría enorme
Tras diez días de intensa caminata, llegaron a Santiago de Compostela. Pero no llegaron todos los que habían salido: “Ania se quedó a dos días de llegar. Nos dio mucha pena. Cuando la dejamos me dio un abrazo y me dijo que continuara adelante”.
“Cuando llegas a la catedral de Santiago de Compostela sientes una alegría enorme y te empiezas a reír solo. Lo primero que hice fue abrazar a mis compañeros de viaje. Después recogimos la 'Compostela' (un documento que certifica que se ha realizado el Camino ). Luego fuimos a misa, nos sentamos en la plaza del Obradoiro a descansar, comimos y nos fuimos al alberge”, recuerda.
Un mes después, Javier Paulos sigue recordando los buenos momentos vividos. Y sigue en contacto con sus compañeras de viaje: “el otro día me mandaron un mensaje al móvil para felicitarme por mi cumpleaños”.
La experiencia ha sido muy buena. Javier asegura que el próximo año irá a ayudar en los albergues de “Hospital de Obrigo” y “Triacastela”. E intentará hacer otra vez el Camino de Santiago: “cuando Ania se tuvo que volver a Madrid, quedamos en que el próximo año volvería con sus amigas para ser voluntarias. Y que haríamos de nuevo el Camino, pero esta vez desde Roncesavalles”.
De momento, Javier ha vuelto este mes de septiembre al Albergue de ANFAS para ser voluntario. Allí recibe a los peregrinos y les enseña el albergue. Y también les informa sobre el Camino de Santiago. Nadie mejor que él para hacerlo. Ha vivido una gran experiencia que nunca olvidará.
Ana Arizcuren.
FEAPS Navarra.
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