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Miércoles, 8 de noviembre de 2006

 

 

De Varsovia a Santiago de Compostela,
pasando por Estella


Ampliar fotografía.
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La idea surgió el pasado mes de julio. Javier participaba como voluntario en el albergue de peregrinos de la asociación ANFAS en Estella. Allí coincidió con Ania. Ania es de Polonia, y recorrió miles de kilómetros para ayudar en el albergue. También quería hacer parte del Camino de Santiago con unas amigas polacas. Según dice Javier: “como habíamos hecho amistad me dijeron que si me apetecía ir con ellas. Y me animé”.

Javier sigue contando: “cogimos un autobús hasta León. Y desde allí recorrimos las diferentes etapas hasta Santiago de Compostela. En total, estuvimos 10 días: del 3 al 13 de agosto. La verdad es que fue una experiencia inolvidable”.

El idioma no fue un problema para poder comunicarse. Las tres jóvenes polacas estudian castellano. “Incluso he aprendido un poco de polaco ”, explica Javier, y añade: “tak, tak”, que significa “sí”.


Javier dice también que la experiencia le ha servido para conocer a otra mucha gente. De toda ella guarda un gran recuerdo: “A lo largo del Camino estuvimos con muchos peregrinos e hicimos muy buenos amigos. En especial con un padre y un hijo de Madrid y una pareja de León con los que seguimos en contacto”.

Anécdotas y buenos recuerdos

Anécdotas y buenos momentos tampoco faltaron durante esos diez días. “ Al finalizar cada etapa, escribíamos en un libro. Contábamos todo lo que habíamos visto, cómo lo habíamos pasado y algunas curiosidades. Es un recuerdo muy especial para mí”.

Javier no deja de sonreír mientras recuerda los diferentes momentos vividos: “un día nos encontramos a un chino que se había puesto muy moreno con el sol. Nos hizo gracia y empezamos con la broma de que queríamos sacarnos una foto con é. No lo hicimos, pero justo cuando llegamos a Santiago nos lo encontramos y nos sacamos la foto”.

“Otra anécdota curiosa fue que vimos en mitad del Camino unas zapatillas. Parecían totalmente nuevas, pero al acercarnos vimos que no tenían suela y sacamos una foto para el recuerdo”, explica Javier mientras observa las fotografías.

Javier y sus compañeros de viaje también tuvieron tiempo para descansar e ir de fiesta. “ El día que llegamos a Acebo, un pueblo cerca de Ponferrada, celebraban la fiesta del turista. Pagamos 2 euros y nos dieron un cuenco, una cuchara y todo el jabalí que quisiéramos gratis. Después hubo baile y lo pasamos muy bien”.

El Camino de Santiago también les ha servido para conocer los diferentes lugares y gentes que hay en él. “ Por las tardes visitábamos los sitios por los que pasábamos. La verdad es que hay pueblos muy bonitos y Santiago de Compostela me gustó mucho”

Pero no todo fue un camino de rosas. El dolor de pies y el intenso calor les acompañaron durante gran parte de las etapas: “ nos levantábamos a las 4 de la mañana para no pillar el calor. Andábamos más o menos hasta la una del mediodía, que era cuando llegábamos a los albergues a descansar y echar la siesta . Los albergues estaban bastante bien, pero tengo que decir que el de ANFAS es de los mejores del Camino por la higiene y las instalaciones que tiene”, asegura Javier.

En Santiago, una alegría enorme

Tras diez días de intensa caminata, llegaron a Santiago de Compostela. Pero no llegaron todos los que habían salido: “Ania se quedó a dos días de llegar. Nos dio mucha pena. Cuando la dejamos me dio un abrazo y me dijo que continuara adelante”.

“Cuando llegas a la catedral de Santiago de Compostela sientes una alegría enorme y te empiezas a reír solo. Lo primero que hice fue abrazar a mis compañeros de viaje. Después recogimos la 'Compostela' (un documento que certifica que se ha realizado el Camino ). Luego fuimos a misa, nos sentamos en la plaza del Obradoiro a descansar, comimos y nos fuimos al alberge”, recuerda.

Un mes después, Javier Paulos sigue recordando los buenos momentos vividos. Y sigue en contacto con sus compañeras de viaje: “el otro día me mandaron un mensaje al móvil para felicitarme por mi cumpleaños”.

La experiencia ha sido muy buena. Javier asegura que el próximo año irá a ayudar en los albergues de “Hospital de Obrigo” y “Triacastela”. E intentará hacer otra vez el Camino de Santiago: “cuando Ania se tuvo que volver a Madrid, quedamos en que el próximo año volvería con sus amigas para ser voluntarias. Y que haríamos de nuevo el Camino, pero esta vez desde Roncesavalles”.

De momento, Javier ha vuelto este mes de septiembre al Albergue de ANFAS para ser voluntario. Allí recibe a los peregrinos y les enseña el albergue. Y también les informa sobre el Camino de Santiago. Nadie mejor que él para hacerlo. Ha vivido una gran experiencia que nunca olvidará.

 

Ana Arizcuren.
FEAPS Navarra.

 

 

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